El mundo político peruano debe ser como los demás, uno en el que la gente se tilda con mayor o menor frecuencia de izquierdista o derechista, progresista o conservador, liberal o comunista, extremista o moderado, entre otras tantas etiquetas aparentemente opuestas.

Lo que a veces no notamos es que cada una de estas etiquetas responde a coyunturas históricas no necesariamente peruanas, pero, como también debe ocurrir en casi todos los “mundos políticos”, estas etiquetas se copian y se aplican, captando supuestamente la esencia del concepto, a nuestra realidad y entonces resulta que hablamos de fascistas peruanos cuando éstos nunca existieron o de progresistas peruanos, algo que no se podría encontrar si es que se respeta el término en su génesis de origen español.

Sin embargo, ocurre un fenómeno en paralelo. Mientras estas etiquetas van y vienen, de boca en boca, cayendo como escupitajos sobre quienes discuten sobre algún tema; sin considerar si es justo o no, la opinión pública, simplista por naturaleza, se va formando también ideas sobre estas etiquetas. Es decir, lo que empieza como un debate ideológico entre dos personas, dos grupos o dos colectivos, termina siendo el posicionamiento de una etiqueta general que ya contiene un supuesto significado, no necesariamente real. Y entonces escuchamos a periodistas, psiquiatras, chefs, actores o a cualquier pelotudo utilizándola en un sentido vago, como si fueran adjetivos exactos. Veamos algunos ejemplos:

Al izquierdista se le suele tildar de progresista, preocupado por los derechos humanos y por los temas sociales, últimamente de ser pluralista, multilateralista, dedicado a establecer políticas globales que defiendan a las minorías y la igualdad de género; promotor de derechos de la salud reproductiva y de orientación sexual. Se ha ido perdiendo esa imagen del izquierdista subversivo, anti-sistema, apegado a las armas, comunistas, stalinista y rojo, tal como se le percibía durante la Guerra Fría. Hoy se le entiende como un personaje abierto a promover estados laicos, en donde la educación, la salud y las leyes sean ecológicas, de igualdad, pro-minorías, etc.

Lo interesante es que este concepto de izquierda es muy distinto al que se tenía hace veinte años. Si les dices socialistas, estás cerca pero te dirán que no necesariamente lo son; si les dices comunistas, incurres definitivamente en un error; en el Perú los fastidiamos de #caviares, pero incluso si les dices izquierdistas, no tendrían por qué ser parte del mismo paquete. Mi conclusión sobre este conglomerado ideológicamente homogéneo es que es difícil “empaquetarlos” porque aunque democráticos y pluralistas, son sumamente camaleónicos y relativistas. Justamente, su esencia es haber mutado de ser los estalinistas dogmáticos de ayer a ser los relativistas dogmáticos de hoy. Y alguien se preguntará, ¿cómo un relativista puede ser dogmático? Fácil. Su dogma termina siendo “todo es relativo”.

Al derechista se le suele tildar de liberal, conservador, mercantilista, tradicionalista, muchas veces católico (no cristiano evangélico porque esta denominación cristiana en sus diversas iglesias no tenía mucha fuerza hace 40 o 50 años cuando la Derecha Peruana surgía, si es que podemos hablar de una), de ser reticente al cambio, indiferente frente a la pobreza, no preocupado por los derechos gay, anti-feministas, u opositores de la igualdad de género, todo esto justamente por conservadores, porque sufren esa brecha generacional y el haber sido criados bajo el esquema previo a la Primavera del 68, previo a Woodstock, previo al himno de la nueva cultura universal “Imagine” de John Lennon (esto es cacha). Se quedaron en una época antigua, pudorosa y estancada, anquilosada, no tecnológica y poco científica.

Y lo interesante es que ciertamente en algunos puntos es cierto, generalmente alguien que se proclama voluntaria y sinceramente de derecha o al menos, no de izquierda, defenderá valores como la familia natural, la fidelidad y el matrimonio para siempre, la existencia de sexos y no de géneros, el valor de la vida antes del nacimiento y desde la concepción, el deber categórico y notorio frente al Bien Común antes que el placer o antes que la libertad absoluta, la religión, los valores universales, el pudor, las tradiciones, etc. Esto no hace que la Derecha sea menos o más científica (por favor, los grandes inventores del planeta fueron casi todos hombres o mujeres sumamente religiosos), pero sí los hace menos “postmodernistas”, menos aptos y preparados para el cambio, cambio que gracias a la tecnología se vuelve cada vez más vertiginoso.

Entonces, ¿qué concluyo después de estas sencillas reflexiones? Primero, los que han mutado han sido los que otrora se llamaban de izquierda y hoy son un híbrido algo libertino y comunista a la vez, ecologistas y feministas, pro gay y pro aborto, pluralistas y supuestamente demócratas, pero aunque relativistas, muy sistemáticos y rígidos en su agenda política para que sus ideas gobiernen, al mismo estilo que el comunismo de antaño pero no con armas sino con propaganda y sensaciones. Segundo, siempre el que conserva un valor o una tradición suele ser el pasivo en un combate intelectual como éste. Por ello tenemos esa sensación, a mi parecer objetiva, de que el que no es de izquierda, o el liberal de derecha es indiferente, pasivo, tibio, aguado, sin militancia ni agenda radical. Claro, es que el derechista no lucha por algo, vive en medio del status quo. Y no defiende su status hasta que está agonizando en el campo de batalla, muerto por el desangramiento de sus propias convicciones.

Lo que no se ve de cerca. Los que ayer fueron minoría y luchaban por implantar sus ideas en la sociedad y en los estados, hoy ya son stablishment y mañana sufrirán lo mismo que sufren hoy los supuestos conservadores; serán el blanco de nuevas minorías rebeldes que pensarán distinto y, o querrán regresar a algo anterior o querrán dar dos pasos más adelante o querrán dar un paso al costado. Y entonces los que hoy se encumbran como los grandes intelectuales de vanguardia serán mañana los retrógradas conservadores dogmáticos.

¿Por qué puedo pensar todo esto? Porque lo poco que sé de historia me ha enseñado que nada nuevo hay bajo el Sol, que la política y sus teorías no sirven para que el ser humano sea plenamente feliz y que en esta vida no está el Paraíso.

Susana Villarán merece ser revocada. No llego a estar convencido de si deba ser revocada pero sé que merece serlo. Y aunque defiendo en twitter su revocatoria, soy consciente de las consecuencias negativas que este proceso trae para el sistema político peruano, caracterizado no precisamente por su fortaleza, estabilidad y eficacia.

Las consecuencias negativas de una revocatoria, a mi parecer: no respeta el período democrático completo que la ciudadanía le concedió a Villarán, aunque haya sido por un corto margen de ventaja sobre Flores Nano; abre la puerta a posibles arremetidas similares en el futuro y en otras localidades del Perú; pone en riesgo la estabilidad de un proceso de gestión, que por más ineficiente que sea, sería interrumpido violentamente; y finalmente, genera la posibilidad de que este tipo de procesos se “comercialice”, atrayendo mercenarios políticos capaces de armar campañas de revocatoria bajo sueldo. Estas razones hacen que no me sienta muy contento al defender el proceso de revocatoria, sin embargo, las razones por las que Villarán merece ser revocada son tan fuertes que difuminan las consideraciones hechas en este párrafo.

1º Empezó su período disparándose al tobillo. Es harto conocido que Castañeda dejó más de 50 obras en proceso de pre-inversión. Diversos estudios se venían realizando y muchas obras estaban ya avanzadas, en fases iniciales o en fases no tan iniciales. ¿Qué hizo Villarán? Rompió completamente con la gestión anterior. Decidió no trabajar con agencias de cooperación internacional en aras de la transparencia. No sabía que negando estos supuestamente no-transparentes mecanismos de financiamiento le decía “no-transparentes” a la mitad de ministerios, municipalidades y ONGs del Perú que de por sí estaban habituadas a trabajar de esa forma y lo hacían bien, rápido y rentablemente.

2º Dedicó semanas enteras a preparar un informe para debilitar la candidatura de Castañeda, so pretexto de cumplir un compromiso con la ciudadanía (compromiso que ella se regaló y que el 70% de Lima no esperaba puesto que alababa la gestión anterior). En vez de continuar con las obras programadas, en vez de subirse sobre los hombros del predecesor, decidió escupir sobre su memoria. Mala jugada. La memoria del limeño no fue tan ligera como la de sus asesores radicales que decían que elaborar el informe era una tarea netamente “política” y justificada, en medio de una sesión de consejo, pública y notoria. Resultado: compararon rápidamente a la nueva Villarán con el viejo Castañeda; compararon al Castañeda en su pico más alto con la Villarán en sus primeros pasos. La comparación fue devastadora, injusta pero devastadora. Si Villarán hubiera sido más humilde y no hubiese roto tan agresivamente contra la gestión anterior, las expectativas de la gente no hubieran sido tan altas. Ella se vendió como algo nuevo, una nueva vía, una alternativa totalmente diferente. Eso era imposible. Nadie logra eso. Ni Humala pudo hacerlo. Menos ella.

3º No sólo dejó obras inconclusas o detuvo los estudios de obras nuevas sino que borró descaradamente el nombre de Castañeda en todas aquellas obras que consideraba estratégicas. Lo hizo en la vía expresa de la avenida Angamos, a vista y paciencia de todo el mundo. Ahí está la prueba: el nombre de Castañeda borrado con el mismo cemento con que fueron elaboradas las placas recordatorias. Le cambió de color a cuanta baranda pudo, a cuanto puente encontró y a cuanto muro de contención aparecía en las vías. El efecto: la gente empezó a preguntarse ¿quién le pone un color tan horrible a Lima? ¿Acaso los colores de Lima desde el siglo XVI no eran el azul y el amarillo? No. Tenía que cambiar el color de las obras para borrar los registros históricos de su archienemigo corrupto y desgraciado, Luis Castañeda Lossio (Castañeda se debe seguir preguntando cuándo se convirtió en el archienemigo de Susana).

4º Su propuesta ideológica. Los primeros meses fueron dedicados a planificar, revisar la gestión anterior, evidenciar las falencias de Castañeda y denunciar sus supuestos actos de corrupción (actos que nunca probó con evidencias sino con simples conjeturas). Bueno, la gente desconfiaba de ella, sin embargo, trataban de poner paños fríos diciendo que era injusto juzgarla tan rápido. Pasados los tres o cuatro primeros meses, se esperaba algo más visible, algo más grande, algo más contundente. ¿Qué propuso? Una Zona Rosa. ¿Qué propuso? Una ordenanza que obligaba a todos los establecimientos comerciales de Lima a proclamar directamente que promovían la cultura gay en la vida pública. ¿Qué propuso? Centralizar el Serenazgo y capacitarlos en temas ideologizados: derechos humanos, cultura de paz, tolerancia, lobby LGTB, etc. ¿Qué propuso? Un boulevard en el Río Rimac. Qué pobre. Su hija aparecía en videos de Youtube bailando como loca en locales de medio pelo y los antropólogos y sociólogos se multiplicaban como conejos en la planilla de nuestro centenario Cabildo. Borraba obras, no ejecutaba nuevas, borraba valores tradicionales, sembraba lobbies. ¿Quién se creía para hacer eso?

Si ella esperaba que estas “innovaciones” fueran aceptadas por la población, ocurrió exactamente lo contrario. Nadie entendía como estas cosas podrían ser las prioridades para Lima. Resultado: muchas obras por concluir y otras tantas por fortalecer fueron fondeadas en la oscura cajonera de Eduardo Zegarra o en la de Glave. ¿El Tren Eléctrico? Relegado, ¿El Metropolitano? Desarrollado resignadamente a la fuerza y casi renombrado para evadir la historia ¿El mega túnel del Cono Norte? Olvidado. ¿Los ambulantes? Por todos lados. ¿La Avenida Abancay? Un caos.

5º Su defensa frente a las críticas. Su posición mediática fue siempre pobre y el argumento de defensa de toda la izquierda y los caviares fue que Susana hacía muchas cosas pero no las sabía comunicar. Sin embargo, si uno entraba a la página de la Municipalidad de Lima en Facebook, resulta que la mayoría de actividades de Villarán consistían en participar de marchas gay, inaugurar talleres de capacitación, inaugurar más talleres de capacitación y aparecer en decenas de colegios primarios tomándose fotos con niños… Perdón, también tenía reuniones de consejo, reuniones de trabajo, eventos, conferencias de prensa, más eventos y más eventos. No era un tema de no saber comunicar. No había mucho que comunicar. Eso es lo cierto. Yo creo que aparecía muchísimo en la foto, y estoy totalmente seguro de que su campaña de comunicación era “buena”. Pero claro, era una buena alcaldesa según los parámetros de gestión izquierdista: era buena si de lo que se trataba era de una gestión ideologizada decoratista, donde el alcalde promueve marchas, habla de salud reproductiva, género, derechos gay y no hace nada concreto por la vida pública. Poner unos containers horribles en el Centro de Lima no pagan una alcaldía. Arreglar plazuelas antiguas, tampoco.

No era una buena alcaldesa según los parámetros del sentido común, que dictan que una alcaldeza se evalúa no por su ideología sino por sus obras en temas críticos: transporte, seguridad, limpieza, desarrollo urbanístico. Finalmente, cuando su popularidad fue cayendo día tras día, lo peor que pudo hacer fue enviar a sus rasputines a decir que quienes la atacaban eran parte de una mafia machista, racista, montesinista, fujimorista, conservadora, proveniente de un grupo con intereses ocultos. Lo único que andaba oculto era el provecho de haber votado por ella. Ni Alvarez Rodrich en su período de menstruación ni Rosa María Palacios en su más mañosa elegancia caviar fueron, ni son ya, suficientes. ¿Cuánto ganaría Radio Capital por darle un espacio a Villarán? ¿Cómo así una alcaldesa se la pasó apareciendo en una radio privada por meses todas las semanas?  Nunca lo sabremos.

6º Cuando se puso las pilas… Cuando se puso las pilas fue demasiado tarde. No había ejecutado más del 13% de su presupuesto. Había gastado 11 millones de soles en una playa emblemática y la arena que puso en ella se fue con el mar. Si los bonos que ha emitido aún gozan de respaldo no es gracias a ella (por favor!!) es gracias a los ocho años de desarrollo que tienen el Perú y por añadidura Lima gracias al megalómano de Alan y al pobre mudo, siempre atacado, nunca defendido. Cuando se puso las pilas, Villarán tenía miles de muñecos de navidad con su imagen, listos para ser quemados, y al ver este espectáculo espontáneo y popular, no tuvo mejor idea que ponerse autoritaria y dictatorial para perseguir a quienes los vendían. Cuando se puso las pilas, la revocatoria estaba encima y aunque la ONPE se esmere en blindarla, no veo difícil conseguir 400 mil firmas si es que este colectivo tiene el respaldo de algunos cuantos políticos con intereses pragmáticos y todos los que estamos en contra de la izquierda, ponemos nuestro granito de arena.

Aquí no hay intereses ocultos. La señora Villarán la ha puesto la pelota en el punto penal y sin arquero a varios políticos que son más capaces que ella, más inteligentes y menos estúpidos. Además, la izquierda recibe día tras día un mensaje unívoco: “ustedes son unos inútiles gobernando, su enfoque no sirve para gobernar países, no al menos aquí en el Perú, o cambian o los botamos. Hasta Humala cambió”.

Finalmente, sea revocada o no, Villarán ya perdió la guerra. Ya la perdió. Decenas de personas se presentan al local de la ONPE para comprar padrones. No muerde el 20% ni de casualidad y no le veo salida al túnel en el que se ha metido. Resulta que, para coronar este post, debemos comunicarles que las tareas de mantenimiento de la Panamericana Sur aún se están realizando, ya iniciada la temporada, en pleno verano y para colmo durante el día, en horario de alto tránsito. ¿A quién se le podría ocurrir hacer algo tan estúpido? A la misma persona y al mismo equipo que en vez de continuar con lo bueno que venía de la gestión anterior decidieron aplicar lo que su modelo ideológico propone. Debemos agradecerles el haber hecho esta opción. Nos confirmaron algo claro: la ideología izquierdista no sirve para gobernar, no sirve para gestionar, no sirve para actuar proactivamente, sirve para quejarse, reclamar, armar huelgas y soñar… Eso es lo que han hecho Villarán y sus amigos, soñar, soñar y soñar diciéndonos por todos lados que nos preparemos para vivir la aventura en una ciudad para todos. Qué patético… Es una ciudad para ellos. No para todos. No para nosotros. Eso sí, es una pueril aventura.

No hay que ser creyente, católico, cristiano o de cualquier otra confesión para percibir y ver que el ser humano tiene, quizás entre otros, dos dinamismos muy concretos: uno que se plasma en esa necesidad que tiene de entrar en sí mismo para conocerse y hurgar en sus repliegues interiores y otro que consiste en ese querer compartir con los demás su ser, buscando encontrarse con otros iguales a él. Me parece razonable además pensar que ambas dinámicas tengan de fondo algo común: Misterio.

Y creo que el misterio es el fondo común de aquellas dinámicas humanas porque si nos contemplamos un momento y somos sinceros, veremos que hay muchas cosas de nosotros mismos que no llegamos a entender ni a tener totalmente claras, por más veces que hayamos tratado de profundizar en la causa de nuestros actos, de nuestro temperamento, gustos, tendencias o habilidades. Y por otro lado, siempre hay una cuota de incomprensión cuando tratamos de ponernos en los zapatos del otro o cuando los otros se quieren poner en nuestros zapatos. El ser humano, cuando entra en sí o cuando se vuelca hacia los demás, no deja de ser un misterio inaccesible a la mera razón.

Y si eso es así, si el misterio nos acompaña cotidianamente, podríamos decir que el ser humano debe habituarse a vivir en el misterio, dentro de él, frente a él. El misterio -aquello tan profundo que deja de ser accesible a la inteligencia- es una realidad que describe algo inherente al ser humano y por lo tanto se convierte en un llamado a aceptar lo trascendente, lo metafísico, lo religioso como algo no sólo posible sino como algo muy real pero no material. Nadie puede ver sus pensamientos pero los tiene, nadie puede ver su alma, ese motor que nos mueve interiormente, sin embargo, sabemos que dentro de nuestra carne hay mucho más que órganos y huesos. Lo interior al ser humano es esa neblina intermedia que nos une con el misterio de nuestro ser, material y espiritual a la vez.

Quisiera creer que todos valoramos esto como algo bueno y no como si fuera una proyección psicológica, una anhelo frustrado de grandeza, una esquizofrenia colectiva o algo de opio para el pueblo. Lo trascendente, el misterio y el hecho religioso son realidades que benefician al ser humano porque lo ayudan a caminar en la búsqueda de respuestas sobre su identidad y teleología. Hoy mucha gente critica a esta postura. Lo hace partiendo de varias premisas: lo metafísico no “existe” y por lo tanto no puede considerarse objeto de conocimiento; las creencias son privadas, no públicas; la religión ha causado muchos males y guerras en el mundo; la religión genera intolerancia; la religión es una actitud irracional, sentimental y falaz que no colabora con el desarrollo moderno, entre otras tantas premisas no sólo chatas sino injustas de antemano. Y así de prejuicio en prejuicio terminan exigiéndole al Estado que anule la Religión, la vete o la repliegue agresivamente del espacio público, calles, hospitales, colegios, juramentos y símbolos.

Mi audaz conclusión es que todo estado, en vez de replegar la Religión o las tradiciones espirituales de un pueblo, debería no sólo respetarlas sino promoverlas puesto que la religión no genera intolerancia, fortalece identidades; no es irracional sino por el contrario metaracional; no embrutece personas sino que las vuelve virtuosas y les genera la conciencia de ser ciudadanos caritativos, generosos y pacíficos.

Toda la Biblia, buena parte del Corán y otro tanto de la Torá hablan sin cesar del amor, de la caridad, de la bondad, del bien, de la justicia, de las virtudes, de la compasión, etc. ¿Quién fue el que plantó esta estúpida idea de que las religiones son “malas” para la sociedad? ¿John Lennon? No lo sé. Marx ya lo había hecho y año tras año, sus repetidores bobos han ido poniéndola en cuanto libro de colegio se podía con la idea de mentir mil veces de modo que algo quede…

La Religión debe ser defendida por el Estado porque existe un derecho humano directamente relacionado al Culto pero también por lo expresado, es profundamente humana y por lo tanto buena en sí misma. Sin embargo, si quisiéramos ser pragmáticos, en países como el Perú el 90% de sus ciudadanos es creyente de alguna denominación católica o cristiana. Y bueno, ¿para quien gobierna el Estado? Para el 100% de la población. Sí. Pero de ese 100% no tendría que atender primero a las grandes mayorías, justamente porque son las que representan el consenso sobre ciertas ideas. ¿No es esta mayoría la que le dio el poder a su gobernante? ¿No es esta mayoría su primer respaldo y base social? Pareciera que las minorías hoy son más importantes que las mayorías.

El tema es que el ser humano necesita del Misterio, de lo trascendente, y por lo tanto de la Religión. Si no quiere ser una persona creyente, no hay problema pero que los no creyentes no empiecen a querer aprovecharse de mentiras históricas para buscar relegar radicalmente a la Religión de los espacios públicos. Necesitamos espacios públicos religiosos, necesitamos Cursos de Religión en los colegios, necesitamos símbolos religiosos que generen devoción pero también responsabilidad espiritual en la gente.

Reflexiones al vuelo. Debo aceptar que mi lógica quizás no ha sido tan pulcra pero mi punto es que mientras una sociedad opte por secularizarse y volverse agnóstica debido a la presión del Estado o a la de grupos intelectuales minoritarios, más superficial, más pragmática, más egoísta, menos original, sólida y menos profunda será… Y entonces… ¿Algo cambiará? Sí, no sólo la fisonomía cultural, religiosa de un país, sino también su destino histórico y su destino más allá de esta vida. El ser humano necesita vivir esa trascendencia que se busca en comunidad.

Trascendencia y vértigo

Posted: diciembre 25, 2011 in Uncategorized

El mundo en el que vivimos cambia vertiginosamente. El Cielo permanece el mismo.

No es difícil caer en el siguiente razonamiento: “si no trabajo más y no crezco laboralmente (estudio más o asciendo), me quedaré estancado y no podré sobresalir. Con toda la carga de trabajo y con lo cara que es la vida, no es serio tener muchos hijos, uno o dos son suficientes, y si me caso, será cuando ya tenga todo asegurado.”

Nuestra generación no piensa en casarse. Si alguien dice que el matrimonio es el “sueño” de toda mujer peca de sexista o machista y si mencionas en tus planes tener más de 3 o 4 hijos, es porque estás loco, eres millonario o un insensato. El mundo actual prioriza tener más cosas, no más hijos. Si quieres movilizarte, necesitas un auto. Si quieres estar conectado, necesitas un celular. Si quieres una casa, no conseguirás algo muy grande por un alto precio. Si quieres divertirte necesitas una buena TV y un buen servicio de cable. Si quieres vestir, la ropa no dura mucho y la moda cambia cada año. Si quieres estudiar, todo es caro.

Esta realidad hace que la vida laboral sea más exigente y la vida familiar más frágil. Los hombres o mujeres de negocios viven según la lógica de la competencia y priorizan la productividad en vez de la interioridad, la competitividad en vez de solidaridad, la disponibilidad para el trabajo en vez de la reserva o conservación de la intimidad. Lo público le gana terreno a lo privado. Lo políticamente correcto le gana terreno a las creencias históricas o fijas. Lo material le gana a lo espiritual. Lo financiero le gana a lo intangible.

Y entonces, uno empieza a compararse: qué tan competitivo soy, qué tantas cosas tengo, qué tantas “posibilidades” tengo, qué tanto voy creciendo en mi camino hacia el éxito profesional, qué tanto tienen mis hijos, qué tan bueno es su colegio, qué tan buenas son sus “posibilidades”. El estrés se traslada al tener, ya no al ser. Uno no percibe la tensión por ser más, sino por tener más, o en todo caso, sufre por ser más según los parámetros de este mundo híper-competitivo, híper-productivo y materialista.

Una de las consecuencias más evidentes: en un mundo que tiene que vender mucho para sostener el sistema, lo que debe vender es placer o poder. Justamente las dos cosas que el ser humano tiene cada vez menos. Opino, quizás sin ningún fundamento, que tenemos una vida muy tensa, muy preocupada, pero dura, sufrida y decepcionante puesto que nos dedicamos a vivir de la materia, mientras nada alimenta nuestro espíritu. Vivimos en un mundo que nos aleja de nuestro ser trascendente. Vivimos en un mundo vertiginoso y material.

En esta realidad, necesitamos sucedáneos que nos permitan sobrevivir: placer y poder. Miremos los slogans de los productos que se nos ofrecen: siéntete bien, ten todo bajo control, haz lo que quieras, sé lo que quieras, tú eres el centro del universo, eres totalmente libre, etc. Alguno podrá cuestionar si el tener es primero, quizás el placer, quizás el poder. No importa. El círculo vicioso es agresivo y oscuro. Nos exigen tener más. Nos olvidamos de lo esencial. Vivimos en una asincronía existencial (Luis Fernando Figari) y el mundo sigue cambiando, volando, arrastrándonos en medio de su corriente torrentosa.

La respuesta: el Cielo sigue siendo el mismo. Sabemos en el fondo que ni el tener, ni el placer ni el poder nos hacen felices. Sabemos que lo que nos hace felices es responder a nuestra naturaleza llamada al infinito, a un más allá que justamente no cambia, permanece. La naturaleza humana sigue siendo la misma y necesitamos algo que nos ancle a nuestra mismidad: un fin, un norte, que centre nuestra acción. Difícil tarea puesto que todo a nuestro alrededor nos arrastra a obrar sin sentido, pero es posible. Es posible darle a las realidades terrenas un significado trascendente y poner las cosas en su lugar. Es posible darle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Es posible darnos a nosotros mismos lo que necesitamos para trascender, permanecer, desplegarnos y ser felices.

Hoy celebramos, los que somos católicos al menos, el Tercer Domingo de Adviento, Domingo de Gozo, de Gaudete. Buena ocasión para pensar en el significado de la palabra “Alegría”.

Si uno analiza su vida cotidiana, descubre que la alegría y el dolor no son los únicos ingredientes que nos acompañan. Te levantas algo cansado o con mucha energía, te molestas por algo, te preocupas por otra cosa, te sientes bien al pensar que cumpliste con una obligación o que hiciste bien tu trabajo, te da un poco de miedo  el qué dirán o la reunión que tienes en media hora, te sientes inseguro frente a tu jefe o frente a las personas que lideras en la oficina, te frustras porque no haces lo que debes hacer o haces lo que no debes hacer. Tu vida es un cúmulo de situaciones, pensamientos y sentimientos, todos mezclados, ocurriendo a cientos de kilómetros por hora mientras esa misma hora pasa tan rápido y tu vida corre como el agua de un río hacia el Mar.

Si bien es cierto podríamos tratar de insertar todos esos momentos en los que sentimos cansancio, preocupación, inseguridad, incomodidad, vergüenza, angustia, y otras emociones aparentemente negativas, dentro del concepto de dolor, puesto que son como una carga que nos trae la condición humana; no podríamos decir que todas las cosas “positivas” que sentimos se insertan dentro del concepto de Alegría. Podríamos decir que nuestra condición humana nos trae una serie de cargas, como dolores, que se manifiestan en muchos padecimientos, como los que acabamos de mencionar. Sin embargo, no se aplica lo mismo a nuestras experiencias positivas.

Pareciera que lo que nos aqueja tiene una misma configuración, un mismo ADN: sea que nos preocupemos, angustiemos o sintamos “mal”, en general la experiencia es similar. Pensamos en aquel instante “no quisiera sentirme así, no quisiera cargar este yugo”.

Sin embargo, las experiencias positivas son de distinto color: puedo sentir placer al comer algo sabroso, puedo sentirme admirado o valorado luego de haber conseguido algo o vencido un reto, puedo sentirme fuerte y sólido después de haber superado una experiencia de crisis, puedo reírme de un chiste, sentirme atraído por una mujer, y no podríamos decir que en todos estos casos, el sentimiento brota de la misma fuente, no podríamos decir que experimentamos Alegría. No podríamos decir que todas estas emociones surgen como un regalo de nuestra condición humana.

La Alegría no es gratuita. La Alegría no llega con cualquier cosa, viene del Bien. Y es que la Alegría legítima no es Euforia (de εὖ bien y φέρω llevar). La Euforia es la sensación de bienestar, la experiencia de llevar algo bueno encima, pero es superficial, pasajera. Esta palabra es muy interesante y ha sido bastante desvirtuada para sonar ahora a “pasión, ira, locura”. Error. La Euforia es simplemente lo dicho: la experiencia de sentirse bien.

Y aquí viene el engaño: resulta que uno puede sentirse bien por algo malo. Sí. El mal o hacer un mal puede hacerte sentir bien. Claro, esto ocurre porque piensas que ese mal es algo “bueno” para ti, pero finalmente, es así de crudo. Cuando te vengas de alguien, puedes sentirte bien. Cuando ves que alguien a quien envidias cae, puedes sentirte bien. Cuando compites y el otro pierde, puedes sentirte bien. Cuando alguien que te hizo daño, sufre, puedes sentirte bien. Cuando te aprecian en desmedro de otros, te sientes bien. Sin embargo, ¿podrías decir que todo esto es parte de la Alegría humana? ¿Podríamos rebajar el concepto de Alegría a experiencias tan miserables? Seguro que no.

¿Dónde empezó la confusión? ¿Cuándo desvirtuamos el concepto de Alegría? No lo sé. Habría que revisar la historia desde una perspectiva filológica pero el punto es que hoy en día confundimos “Euforia” con “Alegría” y no son lo mismo. Llamamos Alegría a cualquier experiencia superficial en la que nos sentimos bien. “Está alegre”, decimos al ver a alguien sonreír, pero sonreír no basta. “Está alegre”, decimos al ver a alguien pasado de tragos bailando en un bar, pero esto es lo más lejano a la Alegría que existe.

Por todo esto, aunque suene difícil, cuando te sientas “bien”, pregúntate por qué te sientes así. Si ese sentimiento fue el fruto de una acción buena, una acción caritativa, un logro positivo, un acto de generosidad, de contemplar que alguien ganaba, gozaba, sonreía o era feliz, entonces, quizás estés frente a un momento de Alegría.

Si tu sensación de “bienestar” no proviene de algo bueno, moralmente bueno, entonces, ten cuidado. Cuestiónate. Sentirse bien no es el fin del ser humano. Es quizás el fin de los animales, pero no el nuestro. Nuestro fin es ser felices y la Alegría es a la Felicidad lo que el Calor al Fuego. Si eres feliz estarás alegre, muy alegre, pero si eres feliz, lo serás porque estás viviendo la Virtud, el Bien, la Caridad, la Generosidad, la Verdad. Felices son los caballeros, los héroes, los santos. Los demás remedamos la felicidad, la añoramos imitándola y nos consolamos haciendo la mueca pero por dentro a veces somos los más infelices, tristes y adoloridos del mundo.

Reflexiones al vuelo. No es fácil vivir lo que acabo de escribir. Yo mismo lo entiendo teóricamente pero existencialmente vivo una fuerte asincronía, porque si bien sé que debo practicar esto, me descubro muy lejos aún. Así es la vida y este Tercer Domingo de Adviento me sirvió al menos para pensar en esto. Quizás mañana esté menos eufórico y más alegre. Feliz Adviento.

Último minuto

Posted: noviembre 29, 2011 in Uncategorized

Mientras escribíamos el anterior post y describíamos los escenarios posibles: Ollanta radical de izquierda, Ollanta que dubitativo se podía doblar y Ollanta pro-inversión, el presidente Ollanta Humala, a través de Salomón Lerner confirmó que estábamos en el segundo escenario y que finalmente se dobló. El proyecto Conga ha sido paralizado hasta nuevo aviso.

La situación en el Perú es crítica. Aquél que se vendía como el izquierdista radical que debía recuperar los recursos estratégicos del país en contra de los capitales extranjeros indiferentes, es hoy un enternado jefe de estado que promueve la inversión, la apertura y las buenas relaciones con la Empresa. Esto evidentemente ha tranquilizado a un gran porcentaje de la población pero ha enervado a un 30% que votó por el Ollanta “polo rojo”, no por el Ollanta “polo blanco”.

El primer escenario nos indicaba que quizás Ollanta nos engañaría mostrándonos el polo blanco al inicio para luego ponerse el polo rojo. Aunque eso aún es factible y a veces surge el “Don Isaac” que Ollanta lleva dentro, Conga hubiese sido la oportunidad de oro para poder alegrar a quienes lo soñaban rojo escarlata, con la hoz y el martillo. No fue así. Conga implica mucho. Es uno de los proyectos mineros más grandes, atractivos y rentables de los últimos tiempos. Bloquear de inmediato su viabilidad hubiera sido simplemente suicida. Dicho sea de paso, mientras en Cajamarca un gran número de agitadores quiere un Perú socialista, la presidenta del FMI almuerza con Humala diciéndole que sus políticas económicas son de primer nivel.

El segundo escenario nos indicaba a un Ollanta dubitativo, inseguro y lento. Estamos en medio del mismo. No dice que sí. No dice que no. Dice “oro y agua”, lo cual en términos políticos es “con Dios y con el Diablo”. No viaja pero no dice que no va a viajar. Renuncia un viceministro de tendencias ideológicas completamente sesgadas, Mario Huamán dice que se va a huelga, las pancartas dicen “metamorfosis”, y entonces, nos encontramos con un Ollanta muy parecido a Toledo o a Alan cuando enfrentaron moqueguazos o baguazos. Ni fu ni fa. Vamos con calma. Resolvamos esto a la peruana, a dos bandas, quedando bien con todos. Los radicales gritan decepcionados, Ollanta aguarda algo escondido, los demás, nosotros los demócratas, esperamos que no se doble.

El tercer escenario nos podría haber mostrado a un Ollanta duro con los agitadores, claro en su apuesta por la inversión privada, veraz, sensato, sabedor de que si bien es cierto, cualquier proyecto minero tiene un impacto ambiental (yo escribiendo tengo un impacto ambiental), éste es un proyecto formal, cuidadoso, respetuoso del Medio Ambiente. Arana, en primer lugar y luego algunos periodistas e “intelectuales” caviares han salido a decir que este proyecto prácticamente va a destruir la naturaleza. Detrás de ellos una cola de jóvenes bobos plantando como avatar o foto de perfil una imagen que dice “Conga no me gusta”:… Mienten diciendo que el cianuro se queda en el aire. Mienten delincuencialmente cuando dicen que la Mina entierra sus desechos en las cuencas de los ríos. Los que sabemos algo de minería, no mucho, sabemos que no es así.

La cantidad de mentiras sobre la inversión privada vuelve a ser la tónica de esta crisis. Y resulta que nadie sale a defender la inversión, nadie es claro en su defensa del modelo de Libre Mercado, nadie se para y dice “eso es mentira, ustedes son unos agitadores ideologizados que no han leído ni la primera página del EIA y aún así salen a tirar piedras”. Nadie defiende la libertad, la competitividad, el derecho a ganar dinero, rentabilizar y ser millonario. Perdón, el alcalde de La Encañada sí lo hace, cuando pide “por fuera” doscientos millones de dólares para respaldar el proyecto… Él quiere ser millonario.

¿Por qué es tan difícil defender la inversión privada y el Libre Mercado? Algunos tenemos una opinión compartida. Porque la batalla simbólica, como diría una persona muy apreciada por este servidor, nos la ha ganado La Izquierda. La izquierda abortista, promotora de uniones gay, políticas de género y eutanasia, amante del ambientalismo verde y la tolerancia relativista extrema, aparece como la minoría justa y salvadora preocupada por los derechos humanos. Sin embargo, este pensamiento izquierdista personificado en profesores universitarios, colectivos portátiles de la Municipalidad de Lima y Palacio, y ONGs pagadas con dinero europeo, no  es para nada un “pensamiento débil” y los que lo predican no son para nada los débiles de la película. Constituyen el nuevo establishment ideológico hegemónico.

¿Algún empresario entiende que esta izquierda es su principal y peor enemiga? No. Al contrario, las mineras y empresas contratan ONGs que promueven los valores culturales y sociales caviares, que traen consigo en la mochila un combo batido y chocolateado de políticas pro-aborto, pro-libertinaje, y anti-familia junto con una buena dosis de políticas ambientalistas anti-inversión, anti-empresarios.

La Empresa paga la aventura izquierdista. La Empresa paga la aventura humalista. Y cuando le escupen en la cara humillándola, no hace más que limpiarse con la mirada caída y volver a abrir su billetera, indigna y estúpidamente. Penoso panorama. Hora de ser valientes.

Hace pocos días se ventiló un escándalo en el que están involucrados, entre otros, el Vicepresidente del Perú, el abogado Omar Chehade Moya, su hermano y tres generales de la Policía Nacional del Perú.

El Vicepresidente organizó, según testimonios bastante claros, una cena en un conocido restaurante limeño, invitó de manera extraordinaria a tres generales, a su hermano y a una persona muy cercana, también vinculada a otros miembros del partido de gobierno. Los invitados estaban todos relacionados con un asunto de suma importancia: el juicio que tiene enfrentados al grupo Wong y a los azucareros de Andahuasi. Guillermo Arteta, en ese momento jefe de la dirección territorial de la Policía Nacional del Perú de Lima Norte, el hermano del Vicepresidente, abogado vinculado al grupo Wong y dos generales de alto mando que tenían todo el poder (o lo tendrían) para influir en el caso. Todos estaban juntos, oh sorpresa, invitados por el gran Omar. Hay algunos que dicen que esto es mentira. Bueno, ¿por qué razón se podrían haber juntado 3 generales PNP en un restaurante, de civiles, para hablar de cualquier cosa, con el vicepresidente, su hermano y un tipo más? ¿Quién la pudo haber organizado? ¿Alan? ¿Vladimiro?

Según Arteta y León-Barandiarán, la cena tenía un solo objetivo: organizar un desalojo en favor del grupo Wong en las tierras de la Asociación de azucareros de Andahuasi (Norte chico, cerca de Sayán). Este caso lleva ya un buen tiempo en el Poder Judicial y nada indica que el grupo Wong sea el justo ganador o que siquiera esté cerca de aventajar a sus contrincantes en el litigio. Se hizo acreedor de la mayoría de acciones públicas licitadas pero queda mucho por luchar. Si más detalles queremos, resulta que un primo del presidente Humala estuvo involucrado hace algún tiempo en una decisión favorable al grupo económico. El primo de Humala, el abogado de Humala…

Aunque Chehade no estuvo presente cuando se conversó explícitamente del tema, organizó la cita, convocó a los involucrados y terminada la cena, los dejó listos para “coordinar” sobre el asunto. Los detalles han ido aumentando aunque la primicia la tuvimos gracias a los reporteros de IDL, y si haces clic aquí, podrás leer la descripción que éstos brindan del tema.

El caso es penoso puesto que la idea fundamental con la que debía arrancar este gobierno era la de dar confianza. Casi todos los actores económicos y políticos estratégicos dentro y fuera del país desconfiaban de Humala y su gente. Muchos siguen desconfiando y las inversiones, digan lo que digan, han disminuido. No tienen el ritmo que tenían. Listo. Desconfiaban de su modelo, de sus asesores, de sus planes de gobierno, de todo… Humala llegó con un pan de desconfianza bajo el brazo. Y bajo esta premisa, Chehade ha llevado al culmen la desconfianza en el partido de gobierno y el círculo de gentes que rodean al comandante.

En primer lugar, hablamos del Vicepresidente del país. Hablamos de aquél que recibió el encargo de representar a Humala en diversos espacios y decisiones. Es el tercero en el poder, congresista además, y uno de los líderes del partido de gobierno. Chehade no es cualquier político. Ocupa un sitial estratégico en comisiones de mucha importancia. Una de ellas, encargada de investigar al gobierno anterior. Fue y es uno de los paladines de Ollanta Humala, su edecán, vocero, asesor y nada más y nada menos que… Su abogado. Sí. Chehade fue el abogado defensor de Ollanta Humala cuando éste fue acusado de violar derechos humanos durante su labor como militar en el Alto Huallaga, peleando contra Sendero Luminoso.

En segundo lugar, hablamos del segundo o tercero más poderoso de un proyecto humalista (sería injusto adjudicarle el adjetivo de nacionalista) que ha enarbolado de la forma más explícita y clara la bandera de la lucha contra la corrupción, el estandarte de la honestidad y la transparencia. “Ollanta honestidad” está por todas partes y si Humala ganó es, en buena medida, por haberse cargado encima la promesa de honestidad y lucha contra la corrupción. En este contexto, Chehade ha escupido tierra sobre aquella promesa, sobre la bandera, el estandarte, la escarapela y cada cartelito en el que el comandante promete algo que su segundo o tercero a bordo no cumple. No hay videos. No hay audios. Pero el tráfico de influencias es tan audible como la voz de Quimper, León o Vladimiro en sus mejores “faenones”.

En tercer lugar, el caso de Chehade se suma al de varios otros oficialistas que tienen muchos trapitos por sacar. No es el único. En este momento y desde el gobierno anterior, cuando todavía no tenían el poder, los casos de corrupción en las filas humalistas son y han sido numerosos. Los dedos de las manos no alcanzan para contarlos y ni bien arrancan su período ya tienen 3 o 4 casos como para dar lástima. Entonces, seamos sinceros, no hablamos de un caso aislado. No se trata de una mancha en medio del cristal más puro. Se trata de un fenómeno permanente, estable y que forma parte de la esencia de este partido lleno de gente oscura y oculta que nadie llega a conocer bien ni a saber claramente de dónde proceden. No pocos humalistas son oscuros, de poco nivel intelectual y corruptos.

Finalmente, en este contexto, y asumiendo que Chehade va a ser “renunciado” dentro de muy poco, queda la siguiente sensación: esta idea de la izquierda renovada y moderna ¿es tan real? ¿Puede erguirse un izquierdista, caviar, rojo, socialista o lo que sea, como paladín de la transparencia y la ética después de los diversos “faenones” que aparecen?Cualquier argumento “moralizador” de parte de este sector no tendría mayor autoridad moral que uno similar venido de sus oponentes. Si algo queda demostrado es que, por lo menos, en la izquierda son igual de corruptos.

La última: Javier Diez Canseco, uno de los personajes más cuestionados en el partido, no sólo por su extremismo sino por su capacidad para reinventarse con un 0,5% de la votación y llenar un curul en el gobierno, se sienta al lado de Chehade todos los días, cuchichea con él, sonríe con él, lo aconseja y ahora lo alaba por haberse “puesto a disposición de la justicia” como si hubiera sido una opción voluntaria por parte del Vicepresidente. Si esta es la postura de uno de los que se ufana de ser el principal crítico del sistema apro-fujimorista corrupto y sucio, entonces, queda demostrado que la cochinada está esparcida y ya no interesa la moral sino salvar el pellejo del ideologizado camarada. Esta izquierda, en el gobierno y en la municipalidad, nos recuerda que lo que falta en el país es ética, valores, virtudes, moral, no ideologías.

Sin siquiera cumplir 100 días en el gobierno, la nueva izquierda peruana es cuna de inmoralidad, improvisación, e inexperiencia política; nos ofrece a un presidente gobernado por su esposa y un país gobernado por un primer ministro que dosifica cuándo, dónde y cómo mostrar su calibre 22 en cada reunión con mineros e inversionistas extranjeros. Tenemos un gabinete hecho de arroz con mango donde Castilla le regala dinero al Ministerio de Trabajo sabiendo que no se logrará ningún resultado técnico, Mocha no se hace responsable de nada, las feministas copan diversas direcciones y viceministerios, Susana Baca no tiene liderazgo y lo único que sobrevive en esta coyuntura es el impulso económico e institucional que los tres presidentes anteriores (ninguno izquierdista) le dieron a este país. Si esto fuera poco, la mejor cortina de humo aparece como la posibilidad de volver a enjuiciar a los heroicos comandos Chavín de Huántar.

Hoy por hoy, señores, a pesar de todas sus desgracias, podemos agradecerle a Fujimori y a sus técnicos, a Toledo, a PPK, a García y a sus técnicos por todo lo que hicieron en el país. El Perú avanzaba… Sí. Hasta el 28 de Julio de este año. A partir de ese día, no sabemos.

A los humalistas no tenemos todavía nada que agradecerles y ninguna razón que nos invite a confiar en ellos. “Le agradeces a corruptos y sucios”, me dirán. Bueno, Alexis, Mocha, Chehade, la “robacable”, el “comeoro”, Diez Canseco, Eguiguren, son hoy los mejores argumentos para decirle a cualquier izquierdista que, si los apristas fueron corruptos o totalitarios, los humalistas también lo son, que si los fujimoristas fueron corruptos o totalitarios, ellos también lo son y que si Toledo y sus amigos fueron corruptos, ellos los igualan en suciedad y ocultismo.

Por el bien del país, se me ocurre que estos políticos improvisados que hoy nos gobiernan deberían apuntar a irse en el 2016 habiendo causado la menor cantidad de daños estructurales. ¿Habrá una derecha o una propuesta de centro no ideologizada que pueda competir con estos utópicos soberbios? No lo sé. Hoy, viernes, toca defender al Ejército de Sayán, Soberón, Eguiguren y todos los enemigos del sistema, del estado, del orden, de la paz, de los tan manidos Derechos Humanos.

Pilar Sordo es una mujer chilena sumamente interesante. Con una personalidad simpática, con mucho carisma para capacitar y para divulgar ideas. Tiene investigaciones muy sólidas sobre los siguientes temas: hombre y mujer, crianza de los hijos, matrimonio y familia. La recomendamos.

Un emprendimiento es algo así como una aventura, un carro, un ideal, un bebé y una mochila…

Una aventura porque no sabes qué va a pasar. Inicias algo y en el camino te das cuenta que no habías llevado linterna, medicinas, frazada, carpa… Eres capaz de ver los primeros veinte metros, nada más. Hay matorrales, desiertos, oasis, dolores, éxitos, momentos de satisfacción en los que te crees un súper héroe, momentos de frustración en los que no pasas de un mediocre que no sabe nada. Una aventura implica valentía -cierta temeridad- y algo de cuero. Necesitas tener cuero para avanzar en algo poniendo la cara, el cuerpo, la billetera, parte de tu vida y no saber si hay retorno seguro o si el destino es como tú esperabas.

Es un carro. Un carro porque es tuyo. Algunos podrán decir “no, un emprendimiento tiene que ser un ideal para el bien común, nada de intereses personales”. Esto es irreal. Los intereses y anhelos de todo ser humano sintetizan ideales propios y ganas de ayudar, ganas de sobresalir y ser valorado y ganas de ayudar a las personas. No hay como separar ambas cosas. Te sientes feliz manejando tu carro cuando puedes llevar gente al partido, al restaurant, a la playa. Cuando manejas solo en la carretera con el volumen alto, también te sientes bien. Se siente muy bien. Ciertamente, mejor te sientes cuando estás acompañado y sientes que tu carro sirve -vale- para otros. Un emprendimiento (por lo menos para un emprendedor hombre) es como un buen carro, tu primer carro, ese que cuidas, limpias, reparas, chocas y vuelves a manejar. Aunque ya tenga años, no se te pasa por la cabeza venderlo. Nunca.

Es un ideal. Un emprendimiento se sueña. Se sueña mucho. Lo sueñas bonito, grande, sofisticado, perfecto, profesional, técnico, totalmente arriba. Lo sueñas con más gente, con gente capaz, en una oficina, grande, con todas las comodidades, con todos los beneficios. Te imaginas tu institución como un referente nacional, internacional, galáctico, sideral, en el tema que quieres tratar. Y siempre será un ideal. ¿Sabes por qué? Porque nunca llegarás a construir exactamente lo que sueñas. Es más, si lo lograses dejaría de ser un sueño y un emprendimiento siempre necesitar ser soñado. Siempre “necesita necesitar” algo más que no tiene.

Es como un bebé. Nadie lo debe tocar. Nadie puede jugar con él bruscamente. Lo alimentas, lo engríes, le das tiempo, cariño, preocupación. No lo dejas solo. Lo acompañas. Quieres que crezca. Esta analogía es fácil y conocida. Ciertamente un emprendimiento es un hijo que tiene tu marca, tu huella, tu estilo, parte de tu carácter, por lo menos en la medida en que lo crías tú solo o con poca ayuda. Sin embargo, hasta los hijos necesitan recibir la influencia de varias personas, así que un buen directorio siempre es lo mejor, y mientras tenga gente más capaz, mejor. En ese momento, acompañas a tu hijo pero este se libera un poco de ti y dialoga con otras personas, crece más, se completa…

Es una mochila. Vas caminando y alguien te pregunta “¿Qué tienes ahí?” Y tú feliz la abres y muestras todo. Le muestras el primer proyecto, el segundo, el exitoso, el no tan exitoso, le hablas de tu gente, de cómo funciona, le abres cada bolsillo para que valore tu mochila y diga “qué paja! Cuántos bolsillos y repliegues”. Sí, quieres que entiendan el enfoque, la idea original, la misión, la visión, los valores, todo… Es tu hijo, tu carro, tu aventura, tu mochila, tu ideal. Pocos entienden. No importa. Igual la sigues enseñando, terco.

Esto le ocurre, creo yo, a cada emprendedor. Y está bien que le ocurra. Está bien que el emprendedor se sienta “propietario” de su sueño. Es muy sano que sea así para que se comprometa al 200% y entregue todo por su hijo, para que cuide su carro, para que no se rinda en la aventura. Lo más hermoso de un emprendimiento es cuando al menos una o dos personas te entienden y quieren lo mismo para él. En ese momento deja de ser “tu” emprendimiento. Se convierte en un proyecto, en una realidad, en algo público, mundial, abierto, fuerte, grande, sólido y sobrevivirá si tuvo un buen nacimiento, si fue bien alimentado, si tenía una razón de ser, una vocación, un llamado. Adelante emprendedores! Sigan adelante!