El mundo político peruano debe ser como los demás, uno en el que la gente se tilda con mayor o menor frecuencia de izquierdista o derechista, progresista o conservador, liberal o comunista, extremista o moderado, entre otras tantas etiquetas aparentemente opuestas.
Lo que a veces no notamos es que cada una de estas etiquetas responde a coyunturas históricas no necesariamente peruanas, pero, como también debe ocurrir en casi todos los “mundos políticos”, estas etiquetas se copian y se aplican, captando supuestamente la esencia del concepto, a nuestra realidad y entonces resulta que hablamos de fascistas peruanos cuando éstos nunca existieron o de progresistas peruanos, algo que no se podría encontrar si es que se respeta el término en su génesis de origen español.
Sin embargo, ocurre un fenómeno en paralelo. Mientras estas etiquetas van y vienen, de boca en boca, cayendo como escupitajos sobre quienes discuten sobre algún tema; sin considerar si es justo o no, la opinión pública, simplista por naturaleza, se va formando también ideas sobre estas etiquetas. Es decir, lo que empieza como un debate ideológico entre dos personas, dos grupos o dos colectivos, termina siendo el posicionamiento de una etiqueta general que ya contiene un supuesto significado, no necesariamente real. Y entonces escuchamos a periodistas, psiquiatras, chefs, actores o a cualquier pelotudo utilizándola en un sentido vago, como si fueran adjetivos exactos. Veamos algunos ejemplos:
Al izquierdista se le suele tildar de progresista, preocupado por los derechos humanos y por los temas sociales, últimamente de ser pluralista, multilateralista, dedicado a establecer políticas globales que defiendan a las minorías y la igualdad de género; promotor de derechos de la salud reproductiva y de orientación sexual. Se ha ido perdiendo esa imagen del izquierdista subversivo, anti-sistema, apegado a las armas, comunistas, stalinista y rojo, tal como se le percibía durante la Guerra Fría. Hoy se le entiende como un personaje abierto a promover estados laicos, en donde la educación, la salud y las leyes sean ecológicas, de igualdad, pro-minorías, etc.
Lo interesante es que este concepto de izquierda es muy distinto al que se tenía hace veinte años. Si les dices socialistas, estás cerca pero te dirán que no necesariamente lo son; si les dices comunistas, incurres definitivamente en un error; en el Perú los fastidiamos de #caviares, pero incluso si les dices izquierdistas, no tendrían por qué ser parte del mismo paquete. Mi conclusión sobre este conglomerado ideológicamente homogéneo es que es difícil “empaquetarlos” porque aunque democráticos y pluralistas, son sumamente camaleónicos y relativistas. Justamente, su esencia es haber mutado de ser los estalinistas dogmáticos de ayer a ser los relativistas dogmáticos de hoy. Y alguien se preguntará, ¿cómo un relativista puede ser dogmático? Fácil. Su dogma termina siendo “todo es relativo”.
Al derechista se le suele tildar de liberal, conservador, mercantilista, tradicionalista, muchas veces católico (no cristiano evangélico porque esta denominación cristiana en sus diversas iglesias no tenía mucha fuerza hace 40 o 50 años cuando la Derecha Peruana surgía, si es que podemos hablar de una), de ser reticente al cambio, indiferente frente a la pobreza, no preocupado por los derechos gay, anti-feministas, u opositores de la igualdad de género, todo esto justamente por conservadores, porque sufren esa brecha generacional y el haber sido criados bajo el esquema previo a la Primavera del 68, previo a Woodstock, previo al himno de la nueva cultura universal “Imagine” de John Lennon (esto es cacha). Se quedaron en una época antigua, pudorosa y estancada, anquilosada, no tecnológica y poco científica.
Y lo interesante es que ciertamente en algunos puntos es cierto, generalmente alguien que se proclama voluntaria y sinceramente de derecha o al menos, no de izquierda, defenderá valores como la familia natural, la fidelidad y el matrimonio para siempre, la existencia de sexos y no de géneros, el valor de la vida antes del nacimiento y desde la concepción, el deber categórico y notorio frente al Bien Común antes que el placer o antes que la libertad absoluta, la religión, los valores universales, el pudor, las tradiciones, etc. Esto no hace que la Derecha sea menos o más científica (por favor, los grandes inventores del planeta fueron casi todos hombres o mujeres sumamente religiosos), pero sí los hace menos “postmodernistas”, menos aptos y preparados para el cambio, cambio que gracias a la tecnología se vuelve cada vez más vertiginoso.
Entonces, ¿qué concluyo después de estas sencillas reflexiones? Primero, los que han mutado han sido los que otrora se llamaban de izquierda y hoy son un híbrido algo libertino y comunista a la vez, ecologistas y feministas, pro gay y pro aborto, pluralistas y supuestamente demócratas, pero aunque relativistas, muy sistemáticos y rígidos en su agenda política para que sus ideas gobiernen, al mismo estilo que el comunismo de antaño pero no con armas sino con propaganda y sensaciones. Segundo, siempre el que conserva un valor o una tradición suele ser el pasivo en un combate intelectual como éste. Por ello tenemos esa sensación, a mi parecer objetiva, de que el que no es de izquierda, o el liberal de derecha es indiferente, pasivo, tibio, aguado, sin militancia ni agenda radical. Claro, es que el derechista no lucha por algo, vive en medio del status quo. Y no defiende su status hasta que está agonizando en el campo de batalla, muerto por el desangramiento de sus propias convicciones.
Lo que no se ve de cerca. Los que ayer fueron minoría y luchaban por implantar sus ideas en la sociedad y en los estados, hoy ya son stablishment y mañana sufrirán lo mismo que sufren hoy los supuestos conservadores; serán el blanco de nuevas minorías rebeldes que pensarán distinto y, o querrán regresar a algo anterior o querrán dar dos pasos más adelante o querrán dar un paso al costado. Y entonces los que hoy se encumbran como los grandes intelectuales de vanguardia serán mañana los retrógradas conservadores dogmáticos.
¿Por qué puedo pensar todo esto? Porque lo poco que sé de historia me ha enseñado que nada nuevo hay bajo el Sol, que la política y sus teorías no sirven para que el ser humano sea plenamente feliz y que en esta vida no está el Paraíso.











