Muchos padres espirituales se refieren a la envidia como el peor de los vicios en la medida en que no sólo se convierte en un catalizador de egoísmo y soberbia sino que carcome y destruye el interior de las personas que le ofrecen morada.
El envidioso se pierde, se enreda, se queda solo. El envidioso (muy envidioso o poco envidioso) amarga su interior y lo deja seco, frío, inerte, sin creatividad, sin ingenio, ¿cómo puede crear? ¿cómo puede enriquecer con sus conocimientos? ¿cómo puede preocuparse por los demás? ¿cómo puede ser creativo para el bien, el suyo y el de la sociedad? ¿cómo puede arrastrar masas, generar simpatía y hacer que la gente crea en un ideal noble?
La envidia es quizás un mal (o vicio) poco tomado en cuenta en un mundo tan individualista como el nuestro. Se ha suavizado el lenguaje cuando se habla de reformar el clima labor de las empresas… Nadie es malo, solo pensamos equivocadamente. ¿Quién se atrevería a hablar de la envidia? Somos hijos de una época que ha endiosado el individualismo, el liberalismo, el hedonismo… Me atrevo a preguntar ¿No seremos más envidiosos que antes?
La envidia, pensando ya en las instituciones, es corrosiva y no deja que los equipos funcionen eficientemente ni que alcancen sus objetivos. ¿Qué procesos o empresas no basan todo su actuar en equipos de trabajo? ¿no está cada día más claro que el trabajo en equipo es fundamental para el crecimiento de cualquier organización? ¿Nos queda alguna duda de que la envidia puede ser uno de los principales enemigos al interior de un equipo?
Lo dicho abre muchas puertas y estoy seguro que muy pocos psicólogos organizacionales utilizan esta categoría (y otras similares) para proponer luego soluciones en temas de recursos humanos. Deberían. Tendrían una entrada muy interesante. Pero el tema es difícil porque genera rechazo, es algo “duro”, no se puede hablar de envidiosos… Sin embargo falacias como “si gana más que yo, si es más querido que yo, si es más amigo del jefe que yo”, “si yo subo, el cae”, “su mal es mi bien y mi bien es su mal”, “si subo un peldaño, él se queda más abajo” pasan por la mente de ejecutivos y funcionarios todos los días y muchas veces al día.
Nuestra labor asesorando instituciones públicas y privadas en estos últimos años nos ha mostrado que no es un tema menor. ¿Qué hacer? En primer lugar, démosle un lugar a la envidia, saquémosla de la oscuridad, veámosla cara a cara para poder destruirla en los equipos. Si no le echamos luz no tendremos la capacidad de derrotarla. En segundo lugar seamos conscientes de nuestros pensamientos envidiosos y destruyámoslos de inmediato. Tenemos que iluminar y eliminar esos pensamientos envidiosos: son falsos, nos hacen daño, se basan en falacias y suposiciones que no resisten el menor juicio. ¿Podremos hacerlo cuando todo el mundo nos dice que debemos sobresalir pisoteando a los demás? Sin cambio personal no habrá cambio social…