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Javier Aliaga, connotado especialista en temas de relaciones comunitarias y solución de conflictos, decía hace poco en una entrevista, “existe incoherencia así, entre la cantidad de dinero que hoy tiene el país y el número de planes de desarrollo bien planteados, con un equipo adecuado, conformado por profesionales capacitados para afrontar temas de desnutrición, salud, educación y una serie de problemas que requieren ser solucionados, en su tiempo justo”.

Y efectivamente, a todos nos parece raro que habiendo “tanta plata”, el desarrollo se demore tanto en llegar a la gente que más lo necesita. ¿Qué ocurre? ¿dónde está esa plata? ¿por qué no llega al pueblo? A continuación algunos datos que a veces no manejamos pero que pueden dar luces para una explicación al dilema planteado:

1. “Plata en mano, chivato en pampa”: ¿Cómo es posible que la municipalidad X teniendo 90 millones de dólares por canon y con tan sólo 20 mil habitantes siga siendo pobre? La respuesta es la siguiente: esa plata, ese cheque gigante que Alan mostraba en gesto teatral, en realidad fue depositado en una cuenta bancaria que controla el MEF. Los recursos ordinarios salen rápido, los sueldos del alcalde, de la secretaria, del gerente y la pintura del local municipal (con las justas) pero todo el dinero de recursos extraordinarios sale a través del mágico conducto del SNIP y mecanismos similares (co-financiamiento, APPs). Los gobiernos locales en realidad no tienen dinero, tienen una cuenta bancaria a su nombre, pero para sacar la platita no necesitan una tarjeta de débito, necesitan capacidad de gestión, gente de nivel que sepa hacer proyectos, habilidades de negociación, herramientas legales, etc. No hay plata en mano, no hay chivato en pampa.

2. “No quiero, pues”: Aun teniendo gente de nivel haciendo proyectos, generando planes, ocurre que siempre tienes que negociar con técnicos que están trabajando en el área del SNIP del MEF. Y aquí viene el segundo problema. Estos técnicos son gente que conoce el SNIP y verifica que los proyectos cumplan los estándares. Eso está muy bien pero, ¿quién puede cumplir los estándares del sistema? Pocas personas. Incluso los mejores perfileros, esos que cobran miles de dólares, muchas veces tienen que resolver observaciones, hacer trucos, buscar artimañas normativas para pasar sus perfiles… Si el técnico mira tu proyecto y dice “no quiero, pues”, te fregaste, “no quiere, pues”. A veces ese “no quiero” viene de arriba porque tu plata ya la “priorizaron” para otra cosa.

3. “El laberinto del Minotauro”: Los calendarios, las programaciones, los ROF, los PAC, y otros, son decenas de formatos que los funcionarios deben llenar y presentar para programar sus inversiones anuales. Nuestro sistema está sumamente enganchado a este tipo de formatos y procedimientos. Si te pasas de la fecha, pierdes plata; si te equivocas en un formato, pierdes plata; si no consigues una cita con Alan o con alguien de peso en el MEF, pierdes plata y te ponen al final de la cola. Existen miles de trabas para planificar el manejo económico de una entidad. El flujo organizacional dentro de una municipalidad, un gobierno regional o una entidad pública está pensado en compartimentos estancos de modo que los funcionarios no tengan mucho contacto entre sí. Es un sistema basado en la desconfianza, más difícil de atravezar que el laberinto del Minotauro.

4. “Plataformas de lucha”: Este concepto se ha convertido en la justificación máxima, el lema absoluto, el himno nacional de todos los que quieren joderle la vida al Estado. Esa es la verdad. Muchos gobiernos regionales y locales, ONGs y partidos políticos NO quieren acceder a ese dinero. Tal como lo leen. No les conviene hacerlo porque si lo hicieran, podrían capacitarse y mejorar su gestión, podrían hacer proyectos de calidad, podrían ejecutar obras, cumplir sus metas, podrían mejorar las condiciones de vida de su pueblo y entonces… entonces… su ideología comunista de pacotilla perdería sentido, se quedarían sin plataforma de lucha y por lo tanto, sin poder, sin ese puesto que les permite ser el cuello de botella del desarrollo.

Tengo dos comentarios más. El primero es que, como también menciona Javier en esa misma entrevista, el rol del empresariado va a crecer cada vez más. La flexibilidad de sus mecanismos, la preparación de sus empleados, su presencia en las zonas de influencia, le permitirá al empresario estar más atento a las necesidades de la población y negociar cara a cara con esos “plataformeros” que lo único que quieren es poder, figuretismo, y status. Este es un “atajo” que se irá convirtiendo poco a poco en el camino alterno.

El segundo comentario es que no podemos aceptar funcionarios de medio pelo. Nuestros congresistas deberían tener carrera universitaria completa como mínimo; nuestros funcionarios, autoridades locales y regionales, deberían pasar todos por cursos de ética, educación ciudadana, lógica, introducción al derecho, a la economía, como mínimo.

La reforma del Estado no es solo un tema de gestión de calidad, presupuesto por resultados, procesos, normativa, ahorro de plata o leyes laborales, es un tema de reforma humana de nuestros cuadros. Estamos yendo de lo exterior a lo interior pero falta el camino de vuelta, mejorar la calidad humana de nuestros representantes. Mi explicación para la sensata constatación de Javier se puede resumir así: esa incoherencia existe fundamentalmente porque nos falta calidad humana, nivel ético, más fondo en la gente que dirige nuestro país.

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