Nunca antes unas elecciones me habían dejado tan insatisfecho y frustrado. Y acabamos de terminar la primera vuelta…. puff… Es mi país, el Perú, uno que pareciera no querer avanzar. Y si esto no fuera cierto, la Prensa y los Medios de comunicación nos venden la idea de que la idiosincrasia nacional es inestable, voluble, inmadura y poco racional. Por lo tanto, o somos unos cangrejos irracionales o nos percibimos como tales.
Uno podría haber votado por cualquier candidato, estaba en su derecho. Otro podría haber tenido alguna postura más de izquierda o de derecha con respecto a un tema, estaba en su derecho. Algún otro podría haberle creído a los medios en su cobertura de las elecciones, estaba en su derecho (aunque debería hacerse ver). Todos podríamos haber experimentado las elecciones a nuestro modo. Sin embargo, lo que todos estábamos obligados a hacer era distinguir la diferencia entre lo malo, lo bueno, lo mejor y lo óptimo. Y esto… no lo hicimos.
Debemos asumir que lo malo nunca está encarnado en una persona o un partido. ¿Quién podría decir que un partido político o un candidato es “malo” en sí mismo? Nadie. Muchos lo dicen y lo gritan de forma irresponsable. Hasta yo mismo, en algunas afirmaciones o posts, termino diciendo que tal o cual candidato es inaceptable, impresentable, etc. Esto está mal.
Sin embargo, uno sí puede (y debe) realizar un análisis valorativo de los partidos y sus candidatos. ¿Cómo? De dos formas: con el sentido común expresado en la Biblia, “por sus frutos los conocerán” y, en segundo lugar, con algo más de ciencia, leyendo sus planes de gobierno, hojas de vida, noticias sobre su historia personal y política.
Entonces, si bien no podemos afirmar que un candidato o partido es completamente malo, al menos podemos sugerir que cierto partido y cierto candidato tienen muchos puntos en contra, muchas malas acciones en su camino, muchas heridas en la espalda, un curriculum algo oscuro y poco confiable, y una vida personal criticable desde un punto de vista ético.
Luego, siguiendo un camino ascendente, iremos comparando a todos los candidatos y partidos y diremos, “éste es el peor (el menos bueno), éste es bueno, éste es mejor y éste es el mejor de todos”. Y aquí está la clave del asunto: este ejercicio implica una mirada ética de la realidad política. Cuando estudiamos a un candidato, debemos estudiar su dimensión ética y la de sus seguidores y asesores. La política no puede estar desligada de la ética, de lo contrario, pierde completamente la brújula, su finalidad y su razón de ser. Se supone que la política busca el Bien Común. Díganme ustedes, ¿es acaso “Bien” una palabra geográfica, económica o ética? No seamos descarados.
El problema que se observa es que muchos candidatos actúan políticamente (con “p” minúscula) pero no éticamente. Calumnian, mienten, ocultan, manipulan, se contradicen, se desdicen, cambian de bando, son soberbios o agresivos, son falsos, fatuos y traidores a sus principios y a los principios universales que la ética plantea. Y peor aún, muchos periodistas y analistas los apañan diciendo con frialdad que todos estos actos son “parte de la política”, “estrategias de guerra para poder ganar”.
No, señores, no son parte de la política, son parte de la basura que arrastramos por décadas y que no queremos dejar. Muchos políticos no quieren vivir en una sociedad transparente, ética, virtuosa. Les “gusta” vivir en el lado oscuro de la fuerza, ese lado en el que se gana las batallas con golpes bajos, naipes encubiertos, estrategias arteras y mañosas, papelitos firmados frente a la cámara, abrazos y sonrisas por fuera pero amargura y rencor por dentro.
Para la segunda vuelta, dudo que esto cambie. PPK está tratando de armar algo democrático y ético a la vez. Buena iniciativa en atención a lo que viene. Castañeda al parecer lo secundaría (debió hacerlo antes de la primera vuelta). Toledo no cambia. Fue el gran derrotado y sin embargo, ya reapareció con la soberbia de siempre, como si pudiera endosar votos, dirigir mayorías parlamentarias o aparentar ser un aliado de Humala, cuando en realidad, lo que hace es agrandar el ego del comandante. Pobre Toledo… Keiko y Humala, ambos en segunda vuelta, se juegan 45 minutos de infarto.
Parece que Humala está optando por la mentira descarada, abierta, limpia y dulce. Fíjense: si no miente, traiciona a los millones de pobres que lo escuchaban hipnotizados decir que cambiaría todo, la constitución, la redistribución y que les daría dinero quitándoselo a las mineras, a los ricos y a los chilenos. Pero si no miente y en realidad se ha moderado, entonces traiciona su propio modelo y a ese 30% de pobres que no quiere trabajar sino recibir todo de Papa Estado. Si se blanquea, pierde. Si se “rojea”, también pierde. Sin embargo, la mentira… siempre deja algo y más cuando mienten en concierto, orquestados, armónicamente.
Parece que Keiko tendrá que deslindar de su padre y, en la misma línea de este humilde escrito, apostar por un mensaje claramente ético. Aquí estará su batalla, ¿tendrá vínculos con Montesinos? ¿tendrá vínculos directos con su padre y con todos los que, sentenciados, ven en esta candidatura una puerta de escape? ¿acogerá entre sus brazos, a esa mafia fuji-montesinista de la que todos, inteligentes y brutos, hablan por doquier? ¿habrá un plan escondido para regresar al año 1990? No lo creo. Pero para poder sacarse ese pesado silicio, tendrá que asumir una postura ética y transparente y propagarla de forma agresiva. También tendrá que acercarse a los millones de jóvenes que acompañaron a PPK. Ese será el mejor endose de votos, pero no los ganará gratis. Tiene que deslindar de su padre. Tiene que escoger buenos voceros y, por supuesto, enviar a Martha Chavez a Honolulu…