Pedro es un líder duro, controlador, nunca queda mal con nadie, se cubre sumamente bien, sabe mezclar una clara dureza con una aparente preocupación por el prójimo, te da y te quita, te suelta y te amarra, te insinúa cosas como para que te sientas mal y luego te pasa la mano como para que te confundas y te sientas… Bien. Su actitud ante el trabajo es la del que nunca tuvo -o tiene- algo más importante que hacer más que trabajar, trabajar y trabajar. Dedica todo el tiempo, día y noche, los siete días de la semana al trabajo. Lo demás gira en torno a él mismo. Su profesionalismo no sobresale pero siempre está ahí, lo suficiente como para ser siempre el que se lleva los aplausos, o el que tiene la última palabra. Sólo él puede aparecer en público.
Víctor Hugo es un líder amable, reflexivo, preocupado por los demás, con un alto nivel de sensibilidad frente al qué dirán, a la incomodidad de los demás y a la gresca. Es un líder que siempre sonríe, hace bromas, juguetea con sus trabajadores. Ciertamente dedica mucho tiempo a trabajar, pero no es lo más importante en su vida. Siendo el trabajo una prioridad, lo más importante es su familia, su esposa, el cariño que le dan sus hijos, la música, escribir, pensar, cantar, tocar guitarra. Está claro que no será el “workaholic” de la oficina; está claro también que su capacidad de ser simpático y empático le abre mil puertas y lo convierte en un gran “activo” para su empresa, pero ciertamente su flexibilidad y cercanía resultan paradójicas, o le sirven para todo o no le sirven para nada.
Pedro triunfó en el mundo. Víctor Hugo triunfo en su casa. ¿Quién ganó? ¿Quién era un mejor líder? ¿Quién logró lo mayor cantidad de resultados?